Adicción al móvil

Adicción al móvil, ¿el fin de la humanidad?


Hace poco leía un artículo de Leo Babauta sobre la adicción al móvil. Sentía que quería compartir un momento inigualable en las redes sociales en lugar de vivirlo. Me hizo reflexionar. Ya ni siquiera un gurú del mindfullness como Leo Babauta puede con ese deseo irrefrenable por estar conectado y utilizar su móvil. ¿Qué será de la humanidad?

La situación seguro que la has visto y la has vivido. Estás hablando con una persona y cualquier notificación de su móvil tiene más prioridad que la conversación que estáis teniendo. Te encuentras en una reunión de trabajo y la mitad de los asistentes está más pendiente del móvil que de la reunión. En un parque ves a un puñado de adolescentes sentados en un banco, utilizando su móvil en lugar de interactuar en persona. Es bastante patético, pero en más de una ocasión me han venido en privado a alertarme sobre un compañero del equipo: “Oye, mira ese, está todo el día enganchado con el móvil y no da palo al agua”.

Cuando la tecnología pasa de resolver problemas a crearlos

Es increíble cómo la tecnología avanza y nos facilita la vida. Pero el mal uso de ésta hace también que nos acaben controlando hasta límites antes inimaginables. Mis padres, que me preguntaban cómo podía jugar tanto a mi Play Station 1, han estado semanas intentando pasar un nivel del Candy Crush, a sus años. Niños de 12 años que eran muy jóvenes para ver películas con alguna palabrota o escena de violencia, pueden ahora ver cualquier tipo de video en cualquier momento y lugar desde su propio móvil comprado por sus padres. ¿Esto es normal?

¿Seré yo que soy un paranoico? Una encuesta de abc.es dice que son el 53% los adictos al móvil. Fuera en reino unido, un estudio de OnePoll dice que allí llegan hasta el 66%, y que la media de veces al día que miramos el móvil es de 34. ¿De verdad es necesario mirar 34 veces el móvil?¿Para conseguir qué?

Existe un nombre ya para esta patología: nomofobia. Aunque no significa que todos estemos enfermos, sí que es cierto que veo que la cosa va a peor a velocidades supersónicas. Y en lugar de preocupar, lo que percibo es que cada vez resulta más normal. Es lo que todo el mundo hace, por tanto, no será para tanto.

Hay 2 colectivos que me preocupan mucho en este asunto. Aunque no llegue al nivel de enfermedad, el uso indiscriminado del móvil es tremendamente perjudicial para los trabajadores del conocimiento y para los adolescentes.

Los trabajadores del conocimiento utilizan su inteligencia y su concentración como el recurso principal del valor añadido a su compañía. Cuando a un trabajador del conocimiento le quitas su capacidad de atención es muy probable que en apariencia esa persona esté trabajando (sigue calentando la silla igual que siempre) pero los resultados de sus decisiones y acciones serán mucho más pobres. La adicción al móvil es una fuente constante de interrupciones. Ya no solo por las notificaciones, sino por el síndrome del chequeo constante que padecen los que están enganchados.

Los adolescentes han nacido envueltos en tecnología. Les hemos enseñado a utilizar móvil, tablet, televisión digital y el portátil. Quizás no hemos puesto tanto empeño en enseñarles cómo ponerse límites a uno mismo con la tecnología. La cosa empeora si los padres también son adictos. El modelo que copian no es el más apropiado. Y si no son los padres no tardarán en encontrar otro modelo en la familia, en el colegio o en su grupo de amigos. No se les puede culpar a ellos, al fin y al cabo se dedican a hacer lo que ven. Además el móvil mola un montón, es fuente inagotable de contenido divertido y curioso y te hace parecer más adulto.

Adicción al móvil adolescentes

 

¿Tiene solución?

Quiero creer que sí. Espero que algún día la humanidad despierte y vea que esto no es normal y que estamos degenerando la raza.

El cómo se soluciona yo lo tengo claro: sobre todo aplicando el sentido común. Siendo conscientes de que estamos sobrepasando el límite razonable de tiempo y número de veces que usamos el móvil. Actuar con responsabilidad. Es poco probable que venga alguien a salvarnos.  Recordemos que las compañías de telefonía y muchas más que viven del mundo digital se hacen ricos a costa de esta adicción al móvil. Por tanto, tenemos que ser nosotros mismos los que nos controlemos. No somos niños, y además debemos ser un ejemplo para ellos.

Otra opción que veo posible, si queremos controlarnos a nosotros mismos y sobre todo si queremos controlar a nuestros hijos, es utilizar la tecnología contra la tecnología. Existen apps en el mercado que te pueden ayudar mediante retos a pasar menos tiempo delante del móvil. Es el caso de FaceUp, creada por el programa desconecta. Si no se trata de un caso perdido sin duda es una opción válida y divertida.

faceup

Para ir un paso más allá existen nuevamente apps que nos permiten conocer qué uso hacemos de nuestro móvil, y decidir si queremos actuar en consecuencia. Nos dan estadísticas como cuánto tiempo paso en facebook, cuántas veces miro el móvil al día, cuánto se enrolla realmente mi mujer, etc. También nos permiten establecer reglas de buen uso. Podemos crear reglas que nos impiden el acceso a otras apps en el móvil, a nuestros hijos o a nosotros mismos. Algunos ejemplos, ScreenTime, MMGuardian o la más reciente StopApp, creada por una empresa Donostiarra y enfocada no solo al control parental sino también al público adulto.

StopApp – Controla tu tiempo en el smartphone y tablet

Play Store: https://play.google.com/store/apps/details?id=com.stop.app ¿Cuánto tiempo pasas al día frente al móvil? Controla el tiempo que inviertes diariamente en cada app que tienes instalada en tu Smartphone o Tablet. Ayudarás a tu productividad laboral y evitarás perder el tiempo frente el móvil. Es una app que mide el tiempo de uso móvil.

Parece contradictorio pero funciona. La estrategia en todas ellas es que alguien responsable sea consciente de la situación y llegado el caso ponga límites al irresponsable:

  • Como profesionales del conocimiento, el responsable será nuestro yo consciente. Pondrá límites de uso a aquellas aplicaciones que nos arrebatan la voluntad cuando estamos en estado “desenfrenado”.
  • Como adultos responsables de nuestros hijos adolescentes, podremos establecer esos límites para asegurarnos de que los acuerdos que tenemos con ellos se cumplen en nuestra ausencia.

Aunque a veces funcionen, crear límites no deja de ser un parche. El resultado final al que deberíamos aspirar es al uso responsable del móvil por nuestra parte en primer lugar. Ser conscientes de los problemas que nos debería solucionar, y evitar que nos provoque nuevos problemas.

También es nuestra responsabilidad el buen uso del móvil por parte de nuestros hijos. La educación y el dar ejemplo es fundamental. No podemos evitar que entren en contacto con las nuevas tecnologías. Sí que podemos hacer que las conozcan y que conozcan sus riesgos. No solo podemos, debemos.

Si todavía no eres consciente de si te pasas o no, te aconsejo que pruebes alguna de estas apps para ver qué uso haces de tu móvil. Si el resultado te sorprende y tienes otro yo que es un viciado de whatsapp y facebook, crea un plan de desintoxicación personal cuanto antes para volver del lado oscuro.

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