Productividad personal como proceso de mejora continua

Productividad personal como proceso de mejora continua


Hace un tiempo uno de los asistentes a mi Workshop de GTD que impartí en Vueling me había pedido ayuda en un momento puntual de sobrecarga de trabajo. Juntos conseguimos montar un sistema basado en GTD que le había permitido al menos tener la situación bajo control y organizarse el trabajo para salir del bache productivo a base de esfuerzo. Hace poco volví a interesarme por su situación y lo que me dijo fue que, como la situación había vuelto a una cierta estabilidad, había abandonado el método y nuevamente confiaba en gestionar su trabajo con la cabeza.

Lejos de culpar a nadie (porque yo sería el primer culpable) me gustaría hacer una reflexión sobre este abandono tan repentino. ¿Por qué cuesta tanto?

Falta de tiempo para ver frutos

Lo primero que se me viene a la mente es que 1-2 semanas es muy poco tiempo para evaluar algo como GTD, primero porque no te da tiempo a implementarlo de forma holística, y segundo porque en un tiempo tan corto ves resultados inmediatos pero todavía no ha dado los mejores frutos.

Es como una dieta milagro. Te encuentras en junio todavía con los kilos de más de las navidades, y en ese momento te pones a buscar soluciones y llegas a una dieta milagro. La aplicas con determinación y “a lo bruto” y en seguida ves resultados, pero ¿qué pasa cuando llegas a tu meta? Durante el verano vuelven los excesos y rápidamente recuperas tu estado inicial, si no lo empeoras. Has conseguido tu objetivo temporal, pero es poco probable que en ese poco tiempo hayas podido experimentar la sensación de bienestar que se siente con un estilo de vida saludable, alimentación equilibrada y ejercicio habitual.

La cuestión de fondo es que es difícil ver más allá del problema puntual cuando el iniciador del proceso ha sido dicho problema. Tienes una necesidad clara, vives en el desorden y llegas a GTD como el método salvador. Con GTD o cualquier método de productividad te puede pasar lo mismo cuando no das tiempo a experimentar ninguno de sus beneficios: claridad mental, capacidad de concentración, foco, perspectiva, mejores decisiones, capacidad para decir no, etc.

Implementación “a lo bruto”

Un nuevo error también es entrar demasiado “a saco” en la práctica de la metodología, es decir, intentar desde el principio intentar cambiar todos los hábitos improductivos a la vez y adoptar una implementación de GTD como nuestra (por ejemplo utilizando una app). El reto se convierte en descomunal: se junta una situación de sobrecarga de trabajo con el trabajo adicional de cambiar tus hábitos de siempre por revisiones diarias y semanales, mantener varias listas, capturar todo el tiempo…

Lo único que conseguimos con esto es que el esfuerzo no sea sostenible en el tiempo. Tu cuerpo y mente rechazan inmediatamente los cambios bruscos y tus antiguos hábitos improductivos vuelven rápidamente a hacerte fallar hasta que desistes.

Es necesario mucho entrenamiento para poder utilizar GTD con eficacia. Puedes hacer tu mismo un cálculo rápido, teniendo en cuenta que debemos cambiar una decena de hábitos. Si contamos que son necesarios entre 21 y 66 días para establecer un nuevo hábito podemos estar cerca de un año hasta conseguir implementar el método. Además de ser un camino largo será también complicado, ya que las recaídas están garantizadas gracias a la jungla en la que vivimos.

Por si no fuera suficiente el tiempo necesario para cambiar los hábitos, hay una cuestión más de fondo. Si comienzas preguntándote cuándo vas a llegar al final del camino, cuándo vas a ser productivo, estarás haciéndote una pregunta equivocada. Es importante ver la productividad personal como proceso de mejora continua que nunca se acaba.

La productividad personal como proceso de mejora continua

Podría buscar más motivos por los cuales podemos fallar a la hora de implantar una metodología de productividad personal, pero creo que tampoco es el objetivo. Lo importante es tener clara la visión de a dónde queremos dirigirnos. GTD es solo un medio, el fin es no solo tener la situación bajo control, sino tomar el control de tu vida y construir un navegador GPS con el que navegar en el mundo que nos rodea en lugar de continuar a la deriva empujado por las circunstancias.

Aunque a priori te da más trabajo, GTD es como un hijo, te cambia la vida, tu punto de vista, tu comportamiento, tu pensamiento a largo plazo, y en general tu relación con el mundo que te rodea. Y todo es a mejor.

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